No subestimes el poder de lo que dices

A lo largo de los años he confirmado una verdad simple, pero poderosa: nuestras palabras tienen el poder de dar vida o de causar muerte emocional. No exagero. Una sola frase puede levantar el ánimo de alguien que está al borde de rendirse… o terminar de hundirlo. Por eso creo que una de las mayores responsabilidades humanas —y a la vez uno de nuestros privilegios más grandes— es hablar con conciencia, con intención, con amor. Quizá, como todo, el reto de darte cuenta, pensar, y no andar por ahí en automático.

Luego de años de dar terapia, puedo afirmar categóricamente que las palabras no son meros sonidos. Son portadoras de una gran energía transformadora, sobre todo de significado y así, de destino. Basta recordar alguna frase que nos marcó de niños, para bien o para mal. Muchos adultos cargan con heridas invisibles causadas por palabras que recibieron en su infancia. Un simple “no sirves para nada” puede perseguir a una persona toda su vida, como una sombra que opaca sus logros. Por el contrario, un “creo en ti” puede convertirse en el cimiento de toda una existencia construida con seguridad y esperanza. Hasta es bíblico:

“En la lengua hay poder de vida y muerte; quienes la aman comerán de su fruto.” —Proverbios‬ ‭18‬:‭21‬ ‭NVI‬‬

Y quiero compartirte algo más delicado y profundo alrededor de este transformador, importante y delicado tema. He aprendido que sabio no es quien habla mucho, sino quien

Suscríbete para seguir leyendo

Conviértete en un suscriptor de pago para obtener acceso al contenido íntegro de esta entrada y demás contenido exclusivo.