Si nada dura, quizá precisamente eso es lo que lo hace valioso.

Ayer dicté mi masterclass «El arte de sanar una pérdida» y fue todo un éxito, modestia aparte. Si no pudiste asistir, pues te tengo la gran noticia de que ya está disponible para que la disfrutes en mi Academia en línea. Luego, con la inercia de como expliqué tan profundo tema, fui a comer y estuve filosofando. Regresando a casa, seguí. Con el paso del tiempo —o para decirlo mejor y con verdad: con mi paso en el tiempo— he aprendido, no sin cierto dolor, que nada es para siempre, vamos, ni uno. Es una frase que ya hemos escuchado muchas veces y repetimos con ligereza, como quien lanza una moneda al aire. Pero cuando se comprende de verdad, cuando se vive en carne propia, su peso cala profundo. Porque entonces no es solo una frase, descubres que es una ley de la vida y está ejerciéndose segundo a segundo.
En mi vida he visto marcharse personas que pensé que estarían siempre. He tenido muchos días exageradamente maravillosos que creí eternos… y también noches tan oscuras que parecía que no acabarían. Pero todo pasa. Lo bueno, lo malo, lo seguro, lo incierto. Todo. Y al comprenderlo, al sentirlo de verdad, al integrarlo en mi conciencia diaria de realidad, algo dentro de mí se hizo más sabio.
Nada es para siempre. Ni el dolor que parece desgarrar el alma, ni la alegría que nos hace sentir invencibles. Todo cambia. Todo se transforma. Y aunque esa idea quizá pueda provocar tristeza, también encierra un regalo: nos obliga a valorar “lo que dure”. Nos invita a no dar nada por sentado, a abrazar más fuerte, a comer más rico, con mucha más conciencia, a decir lo que sentimos a quien realmente importe, a dejar menos cosas de esas que nos encantan para después.
También noto que he aprendido a soltar cada vez más. A no aferrarme tanto a casi nada, sobre todo a experiencias. Ya desde hace años me volví experto a no aferrarme a cosas, pero a experiencias es algo más difícil. Aferrarse es una forma de negar la verdad de como sucede la vida. Las cosas cambian, las personas cambian, los escenarios van desapareciendo, las experiencias terminan. Y resistirse solo trae sufrimiento. Ayer hice un ejercicio mientras comía, uno que es casi un ArizaTip para disfrutar más la efímero:
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Hola Dr. buen dia.
después de leer su reflexión y haber estado en su máster class de ayer, me parece que es muy importante valorar en consciencia el valor del instante, el eterno presente, porque no sabemos cuando termine nuestra vida aquí en la tierra, esto me impulsa aprender a fluir con la vida misma,
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Me alegra que mis letras y mi Masterclass te sirva de inspiración. Gracias por tu comentario.
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Muy cierto Dr. Ariza.Desde ayer también he estado muy reflexivo por lo aprendido en la Masterclass y con esta, no sé si llamarla entrada de blog o publicación, aún más reflexivo estaré.Gracias por compartirlo y sobre todo por recordarnos la belleza detrás de lo efímero.Justo ayer vi que en una panadería de un supermercado de renombre ya tienen el famoso y delicioso Pan de Muerto, por supuesto que me emocioné -no pude evitar caer en la tentación-, fui, compré y lo disfruté; sin embargo, minutos más tarde pensé: si este pan estuviera disponible todo el año, no me sabría igual y ahí reflexioné que incluso estando en julio, siendo el mismo pan, aunque muy rico, no me supo igual que cuando es ‘su temporada’. Y creo que hoy en día el marketing y la presión consumista está rompiendo con esas tradiciones temporales que hacen que las cosas, algo tan simple como un pan de dulce, tengan tanto valor y sabor en su momento justo.Ayer pensé, iré cada semana por un pancito, después de haberlo disfrutado y con la posterior reflexión decidí no hacerlo y que aunque el empuje consumista nos ‘motive’ a comprarlo he decidido no hacerlo y yo respetar ese espacio en el que por tradición es su momento y ahí sí disfrutarlo al máximo sabiendo que la temporada terminará y habrá que esperar al siguiente año, deseando que esa temporada regreso o bien, que nosotros alcancemos a llegar. Abrazo y nuevamente, conceptos y ‘filosofadas’ que son un bálsamo para el alma.
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Mi estimado Michael, me da muchísimo gusto lo que comentas, y eres muy atinado en la reflexión, así es. Me encantó verte en la Masterclass y leerte aquí. Saludos.
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