Recordar tiene su encanto

«La memoria es el único paraíso del cual no podemos ser expulsados». —Jean Paul Richter

Noté claramente cómo se me querían llenar mis ojos de lágrimas. Fue hoy por la mañana mientras tomaba mi café.

Llegó a mi lector de Jetpack un artículo de Sheila Ortiz (al final te dejo el enlace a él para que lo disfrutes). No estaba seguro de leerlo, pero empecé.

Y no pude soltarlo.

Lo que parecía una mera historia mundana, me hizo recordar una historia de gran importancia para mí, me hizo recordar a mi amada Raquelito ya entrada en años, mi santa madre ya de viejecita. A ella le encantaba sentirse abuela y yo siempre vi su desmedida manera de darse a los demás. Siempre le caracterizó su pasión por dar y dar a los demás, pero cuando se convirtió en viejecita, se incrementó todavía más, enormemente. Una gran generosidad y mi mamá eran casi sinónimos. Sheila en su artículo comparte una anécdota de su abuela y la conexión emocional fue por ahí. Yo no recuerdo gran cosa de mi abuela materna (la única abuela que conocí, la paterna ya se había ido con Dios antes de que yo naciera) más que el convivio aquí en casa cuando sus últimos días los pasó con nuestra familia. Lo único que recuerdo de mi abuelita, Veva, fue su extrema prudencia por vivir en la casa de su hija. Siempre “guardadita” en su cuarto y saliendo solo para desayunar, comer y cenar. Solo la recuerdo así, comiendo con nosotros y cómo me alegraba un chiste que siempre contaba, siempre el mismo, y siempre tenía dificultad para terminarlo porque siempre le ganaba la risa antes. Hoy, me sigue alegrando recordar un chiste supersimple, pero que tanta risa le daba a mi abuelita. Incluso, mientras escribo aquí, recuerdo perfectamente su tono de voz riéndose.

Recordar tiene su encanto.

Se me hizo tan personal y humana la reflexión de Sheila, tocando el tema de la gratitud, que me dio curiosidad ver que gente le había escrito comentarios y me di a la tarea de leerlos también. Me alegró que ella misma tenía la delicadeza y el tino de responder a varios de sus lectores. Ahí, precisamente en una de sus respuestas a una de sus lectoras que le había comentado que su historia la había emocionado, me impresionó más. Su artículo se me hizo una mera confesión personal sin más, pero precisamente con el peculiar encanto de serlo así. Pero luego, su respuesta al comentario de su lectora me tocó por su profunda implicación. Escribió:

Suscríbete para obtener acceso

Lee más contenido de este tipo suscribiéndote hoy mismo.


Descubre más desde Alejandro Ariza Z. | Blog

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Escribe un comentario