Un tiempo para fortalecernos, un tiempo para prepararnos para el gran evento, la Pascua. Un tiempo muy valioso, cuando se entiende.

«Nadie, si no es tentado, puede entrar en el Reino de los Cielos; de hecho, quita las tentaciones (dificultades), y nadie se salva». –Antonio El Grande.
Por alguna razón, te confieso que ando muy sensible. Aunque suele ser casi mi estado natural, frente a la Cuaresma, que inicia mañana, suele incrementárseme esta sensación en mi alma.
¡Quería avisarte que la Cuaresma empieza mañana! No sé tú, pero a mí, suele «pasárseme» varios años y cuando quiero «prepararme» con algún sacrificio que pueda hacer en estos días, ya ha empezado la Cuaresma y lo dejo de lado.
No es así en este año.
«Algo» me hizo estar muy al pendiente y programar un espacio en mi vida de sacrificio, penitencia y oración, preparándome para el gran momento de la Pascua.
Busqué un grupo de Facebook que había creado en el 2020 donde invité a personas a comentar acerca de la Cuaresma durante toda ella, y hoy lo volví a poner al aire, llamándolo así, «Cuaresma». Te lo comparto al final del artículo por si gustas acompañarnos.
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¡Estoy contento! Y siento que lo estoy por estar consciente antes de que empezara esta Cuaresma para procurarme cierto reto, para disfrutar sabiendo anticipadamente. Te platico que por alguna extrañísima razón —de verdad en extremo extraña— encontré un artículo que escribí en el 2020 y tocó mi corazón porque recordé cómo mi mamá (q.e.p.d), cuando la llevaba a la Basílica de Guadalupe que tanto le gustaba ir, dijo: «Ya mañana inicia otra vez la Cuaresma, ya mañana es miércoles de ceniza». Sentí la señal. La sentí en aquel entonces y la vuelvo a sentir hoy. Te comparto el artículo:
Sentí el impulso de comentar la Cuaresma en un grupo de mi página pública de Facebook y mantenerlo sólo durante estos 40 días. Y pues aquí me tienes, siendo muy obediente con lo que escucho en mi interior.
No me ufano de profesar ninguna religión, tomo lo que percibo como mejor de todas y quiero dejar claro que ese grupo será basado sólo en mis propios análisis y reflexiones, como autor, médico e intelectual apasionado del análisis de la vida de un personaje histórico de la talla de Jesucristo. Lo admiro, lo amo, me inspira, me guía, es mi más grande maestro. Lo advierto para quien se quiera “colar” a este grupo y si se tratara de alguien con creencias de alguna religión a ultranza, pueda sentirse mal. Si se da el caso, tan sencillo como salirse del grupo. Aquí dejo meramente la invitación abierta para quien sintonice con mi muy personal filosofía de vida, con Alejandro Ariza Zárate.
Dicho lo anterior, me queda claro que esta etapa, la Cuaresma, es una etapa de preparación para el gran momento, la Pascua. Como preparación percibo el estar cada vez más consciente y así desarrollar más y más fortaleza, virtud cardinal, para mí, tema de evolución espiritual, ya que me queda claro que siempre estamos siendo tentados por el mal, o dicho de otra forma, vivimos desafiados constantemente por la gravedad, ésta siempre está tirando de nosotros hacia abajo mientras que nosotros siempre nos estamos esforzando por mantenernos de pie. Así, no quiero dejar al mal como al malo de la historia precisamente (!!!) porque visto con filosofía, el mal es necesario para que el bien exista como opción y así, como ejercicio de virtud y mejoramiento como persona. Eso se ve en todo tipo de religiones, se explica claramente en la Kabbalah, se puede observar en la historia de la vida entera como en miles y miles de películas. Se trata de la eterna lucha entre el bien y el mal. Es el principio axiológico de bipolaridad. Recuerdo cuando les di un gran calambre cerebral al ego de muchos “triunfadores” en alguna de mis conferencias basada en mi libro El verdadero éxito en la vida más allá del ego, cuando les decía: “¿Cuál es la condición fundamental, esencial, piedra angular, condición sine qua non, para que alguien triunfe?”. El público empezó a opinar: trabajo arduo, disciplina, enfoque, pasión, trabajo duro y varios etcéteras. Al final les dije que todas esas condiciones eran muy bonitas, pero no, ninguna de ellas era la esencial para que alguien triunfe. Luego de un silencio atónito y expectante de mi público, me remití a afirmar: “La respuesta correcta es: un perdedor. Todo triunfador depende, todo ganador prácticamente se debe, a un perdedor, ya que sin él, no existe la condición de triunfo”. Noté cómo al ego de muchos no les agradó mi observación, pero sin duda así es. Para que alguien gane, otro debe perder, y sin éste, no puede existir ningún ganador. Así el bien, éste no puede sucederse sin el mal. Así la virtud, ésta no puede manifestarse si no existiera la tentación del vicio. ¡Por eso me encantó la imagen con la que enmarco esta columna especial! Jesús siendo tentado en el desierto. Es un pasaje bíblico hermosísimo, precisamente referencia obligada en Cuaresma. Y de ahí, desprendo cómo Jesucristo se fue a preparar al desierto para su momento cumbre. Sabía en qué iba a acabar la historia, sabía el duro trance por el que habría que pasar. Entonces, inteligentemente fue a fortalecerse, y qué mejor que mediante la resistencia a toda tentación. En Kabbalah se explica de manera hermosa, por sencilla, cómo “el satán” –que no es otra cosa más que un término usado para describir una energía que significa “el oponente”– se manifestará en cuanto tomemos la decisión de seguir la Luz. Por eso bien se afirma, cuando se elige la Luz, la oscuridad no se hace esperar. Explicación aun más sencilla mediante ejemplo: En el preciso instante en que decides, al fin, ponerte a dieta, en ese momento recibes una llamada para invitarte a cenar pizza. Así funciona esto.
Si has de querer desarrollar fuerza, necesitarás una contraria que tire de ti precisamente para que te esfuerces y crezcas. Cualquier persona que desarrolle musculatura te lo podrá afirmar. Observa cómo crecen esos músculos cuando la persona intenta levantar un peso que tira hacia el lado contrario por medio de la fuerza de gravedad, por poner un ejemplo. Y sólo así crece el músculo, esforzándose, tensionándose y relajándose, sólo así se desarrolla fuerza física. Yo siempre he pensado que el mismo principio aplica para el crecimiento espiritual, necesitamos las tentaciones para que al resistirnos a ellas, desarrollamos y hacemos crecer “el músculo de la virtud”, crecemos espiritualmente. Ese es el poder transformador, digamos, de la disciplina. Cuando lo entiendes así, la disciplina es una poderosa demostración de amor propio.
De esta manera, se me antoja ponerme retos de fortaleza en estos cuarenta días que inician mañana, y te invito a que lo vivamos juntos. Filosóficamente hablando, la virtud cardinal de la Fortaleza se define como: “Actitud constante de la voluntad para soportar y acometer”. Entonces, necesitamos exponernos a algo que soportar y acometer. Propongo que elijas una tentación muy personal, una de esas donde, por conocerte tan bien a ti mismo, sabes que caes con frecuencia y, como ejercicio de crecimiento espiritual, de desarrollo de virtud, de Fortaleza, de crecimiento, ¡te resistas! Cada vez que te resistes a la tentación, entra más Luz a tu vida, desarrollas más Fortaleza, te preparas para que en un futuro, cuando seas tentado por alguna otra tentación mayor en forma de persona, hecho o circunstancia hacia el mal, te atrapará más fuerte, con mayor conciencia, con un nivel de plenitud superior, con mayor nivel de conciencia espiritual y así, te sorprenderás de cómo superas más retos, dificultades y desafíos que naturalmente nos trae la vida. De lo que te estoy hablando aquí, me consta en carne propia. He pasado por momentos muy difíciles donde más de una persona me ha preguntado si seré capaz de soportarlo, para que yo mismo me sorprenda con que sí, y precisamente por los momentos de preparación previos, ejercicio espiritual, por llamarlo de alguna manera. Me estoy acordando que en alguno de mis libros, propuse que, si ya existe el Fisicoculturismo, debería de existir el Espirituculturismo. Muestras de crecimiento dado el intenso ejercicio. Quizá así quiero ver la Cuaresma. Por ello el gran valor de la tentación. A mayor tentación superada, más auténtica la virtud.
Cada quien sabrá qué proponerse resistir. En mi caso, este año 2025 serán las galletas (¡algo que como diario porque me encantan), el chocolate (porque así lo hacía Raquelito y me conecta con ella) y los postres en general, además de los clásicos ayuno y abstinencia, por ahí tengo algunas otras ideas (como solo tomar agua simple como bebida en estos 40 días). Opciones hay muchas otras: sexo, otro tipo de comidas, silencio, finanzas, perdón, limosna, ejercicio, y muchos etcéteras. Elige bien alguno y vívelo con entusiasmo. No necesitas resistirte a tres o cuatro tentaciones, eso aumentará la posibilidad de que caigas. El reto, que resistas de verdad. Será un divino reto: Fortaleza real. Acompañado de la mano de Dios, de la inspiración que Jesucristo nos da a muchos, y ahora comunicándonos aquí, estoy seguro que lo lograremos. Y lo lograremos no más fácilmente, no tendría sentido, sino con mayor entusiasmo por conciencia de fortaleza.
El ayuno intermitente que se propone en Cuaresma, hoy hasta resulta una estrategia dietética muy socorrida por la alimentación cetogénica. La gran diferencia es que veas cómo se aparece el oponente, el satán: sutil e inadvertidamente. Por ejemplo: leyendo esto quizá te motives enormemente a acompañarnos y hacer ayuno mañana, miércoles de ceniza y todos los viernes de la Cuaresma. Verás cómo aun diciendo que eso es muy fácil para ti porque, de hecho, ya lo haces muchos otros días, verás cómo se te podrá olvidar que mañana es miércoles de ceniza o que es viernes de Cuaresma y podrás caer. El satán se encargará de que olvides qué día de la semana es. Él gozará viéndote caer y te pondrá la tentación fácil e inadvertida, como debe ser. Ya estará en ti y en mí, resistirnos, estar más alerta del tiempo, aumentar nuestra conciencia, incrementar nuestra fortaleza. Yo quiero estar más consciente aún.
40 días es el número simbólico que tarda en sucederse una verdadera transformación. Por ello “Cuaresma”, los 40 días que Jesucristo estuvo en el desierto, los 40 años en que el pueblo egipcio fue guiado por Moisés en el desierto hasta encontrar la tierra prometida, los 40 días del diluvio, etc. Mensaje: un verdadero cambio jamás se sucede de la noche a la mañana o, por lo menos, no se gozaría porque el gozo de un cambio no radica en el momento en que sucede al fin, el gozo reside en el proceso. Te invito a que gocemos mejorarnos, es un camino, un entusiasta camino.
Te mando un abrazo y bendiciones. Espero hayas disfrutado de esta lectura como yo he disfrutado mi escritura.
Paz, amor, fortaleza…, ¡emoción por existir!

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