Cuando la mente se rompe, pero el alma despierta

Estás recibiendo esta publicación por estar suscrito a mi versión gratuita del blog donde podrás leer completo el primer artículo del mes.

¿Y si una tragedia, lejos de sentirse solo como una dolorosa crisis, fuera la grieta por donde entra la luz para una nueva comprensión y propósito?

¿Podría una tragedia ser el inicio de una nueva transformación? ¿Podría una crisis ser el efecto bujía para prender una luz en tu camino? Incluso, ¿podría una psicosis ser el origen de un nuevo entendimiento y misión?

Quizá.

Lo analizaremos.

En esta ocasión quiero compartirte una mera y subjetiva cavilación que podría ayudarte a entender toda crisis, por grave que parezca, como lo que es: solo un momento. Un momento decisivo de cambio. Una muy posible señal de destino que termina llevándote a mejorar.


Alejandro Ariza | Blog, es una publicación apoyada por lectores. Para recibir nuevos artículos que puedas leer en su totalidad cada semana y apoyar mi trabajo reconociendo horas y horas de reflexión, análisis y escritura para ti, considera convertirte en suscriptor VIP de pago:


Un principio filosófico de mi vida es este:

«Detrás de toda tragedia, siempre hay oculta una bendición». —Alejandro Ariza Z.

Siempre.

Solo es cuestión de tiempo para descubrirlo. Cuestión de tiempo.

Si has asistido a mis conferencias, seguramente me lo has escuchado decir, has sido testigo de cómo expando mi filosofía de vida con ese mensaje central. Y si no, pues ya lo leíste aquí.

Dicho de otra manera, digamos que no todo «lo malo» que te pasa es realmente malo. Irónicamente, pasado el tiempo, podrías alcanzar a verlo como algo bueno, muy bueno, quizá extraordinaria y maravillosamente bueno. Casi me atrevería a afirmar que no existe nada malo. Cuestión de tiempo.

Pero, ¿cómo podría cambiar algo tan radicalmente hacia el otro extremo del espectro? Algo malo, terminar siendo algo tan bueno.

En mi experiencia, te repito: cuestión de tiempo, a veces mucho, mucho, mucho. El tiempo que el humano necesita para empezar a asomarse a ver los planes de Dios. Unos que siempre resultan mejores. Nuestro problema es que la medida que nosotros tenemos del tiempo dista años luz de las medidas del tiempo de Dios.

Viene a mi mente una ilustración que leí hace mucho tiempo de Eric Butterworth en su extraordinario libro, Economía espiritual, donde dice: «Por ejemplo, al enfrentar la experiencia de desempleo, hay normalmente miedo, compasión de sí mismo y un sentido de inseguridad. Es importante comprender que esto viene de una aceptación sutil de la permanencia de la condición. Si te mantienes en el pensamiento de que el desempleo ha venido para pasar, y lo ves como una experiencia pasajera, restauras súbitamente tu confianza, conjuntamente con tu sentimiento de unidad con el fluir divino».

En toda crisis, eso suele engañarnos a muchos: la magnitud de ella nos hace sentir terriblemente mal, esa magnitud nos hace creer que la tragedia que estamos viviendo es para siempre; cuando estamos en plena crisis, así «parece».

¡Y no es así!

Yo nací con algún defecto —de mi colección— en mi oído derecho y se me tapa con una enorme facilidad al mínimo cambio de presión. Desde siempre. Recuerdo cómo, desde muy niño, viajar en avión era un suplicio. Y terminé siendo un viajero ultra frecuente desde mis 6 años de edad. El dolor por cómo se me tapaba el oído al despegar o aterrizar, era extremo. De verdad preocupante. Sé que a muchos niños les duele, a varios adultos también, pero lo que a mí me pasaba era muy dramático. Por eso, con el paso de los años, descubrí que no era «lo normal» que le pasa a mucha gente. Descubrí un error anatómico de diseño en mi oído interno. Lloraba y recuerdo perfecto cómo me frustraba viendo a mi papá y a mi mamá y a la gente sin que nadie me pudiera ayudar. A lo más que llegaban era a decirme: «Bosteza, abre grande, masca un chicle, traga, deglute». Nada de eso me funcionaba. Mi frustración y ansiedad se incrementaban, a la par del dolor.

De repente, varios minutos después de haber llegado el destino…, «¡Pop!». Sentía un intenso tronido liberador y se me destapaba el oído sin hacer nada más. Hasta me detenía para sentir concentrado la bendita liberación de esa tortura que sentía. Tenía que dejar pasar unos segundos para aceptar felizmente que había vuelto a la normalidad. Volteaba a decirles a todos en mi familia: «¡Ya, al fin ya se me destapó!». Había alegría en todos. Ninguna como la mía.

No exagero. Así fue mi niñez. Y no te quiero platicar lo que sentía al meterme a nadar o cuando cerraban las puertas de un auto en el que yo estaba adentro. Esto último lo sigo sintiendo hoy en día. Mientras que observo que nadie adentro se queja al cerrar la puerta de un auto, yo tengo que pedir que antes bajen una ventana o yo voltear para que mis oídos queden en un sentido longitudinal al auto para que no sienta el golpe de aire en mi oído derecho. (Esta es otra de las razones por las que soy tan inmensamente feliz con mi Tesla. Las ventanas se bajan automáticamente unos centímetros antes de cerrar las puertas. Cuando descubrí este detalle, me declaré «mega fan Tesla»).

Cuando termino de dictar una conferencia, cosa que hago con singular frecuencia, eso del oído se pone peor. Por mi pasión al hablar, la contractura de los músculos propios del cuello y aledaños al oído, me hacen más susceptible aún a los cambios de presión por un par de horas posteriores.

Esas dos horas terminan pasando.

El año pasado, al viajar y subir a un muy moderno elevador de un rascacielos que presumía llevarme 40 pisos arriba en menos de 15 segundos, no te quiero contar cómo acabó mi oído.

También, luego de estar hasta un rato en el último piso del rascacielos, «¡Pop!», sentí cómo algo se revienta en mi oído, y viene el alivio.

Lección aprendida, tatuada en mi alma: la molestia, por más intensa que sea, con el paso del tiempo, termina pasando.

Cicatriz de sabiduría: deja que pase el tiempo para alcanzar a ver y disfrutar de la bendición, luego del dolor.

Hoy en día, cuando por alguna razón me duele intensamente mi oído, todavía alcanzo a preocuparme creyendo que no se destapará, y más cuando pasan y pasan los minutos y la molestia se mantiene, acumulando ansiedad y dolor, todo el cuadro característico. Y, por experiencia, por esa «cicatriz de sabiduría», en presencia del dolor, me digo totalmente convencido, parado en la evidencia coleccionada: «Esto también pasará. En más de 50 años, en cientos y cientos de dolores de oído, nunca has tenido uno que se instale para siempre. Ten paciencia. Pasará.»

Y pasa.

El beneficio como destino no se entiende mientras está sucediendo una tragedia, se entiende después. Nuestro problema es que muchas veces todo lo queremos entender en el momento, preguntándonos una y mil veces «¿Por qué?». En el momento, no hay respuesta. Así no funciona. El tiempo es el ingrediente revelador de la misma. No antes. Solo el tiempo revela el significado, aderezado del deseo de entender e idealmente de alguien que nos ayude explicándonos. Quizá de aquí el valor de la terapia.

Disculpa que quizá te platiqué mucho de mi oído, pero, puedes cambiar eso del oído por cualquier otra condición:

  • El divorcio.
  • La violación.
  • El desempleo.
  • La crisis económica.
  • La pérdida de alguna parte del cuerpo.
  • Una psicosis.
  • Ataques de pánico.
  • Etc.

Disfruto de explicar. Pero si me pidieras un resumen de mi artículo de hoy, en un dramático uso de mi capacidad de síntesis, te recordaría un afamado refrán: «No hay mal que por bien no venga».

Es como «mitologisar» tu vida, entender el sentido oculto de tu dolor.

Un invisible buen destino puede iniciar en un visible mal momento.

Cuando entiendes la frase anterior, dejando pasar el tiempo, descubres que un mal momento, tipo fracaso, así como nos lo enseñaron, no existe. Es una señal de destino. La explicación suele entenderse solo viendo hacia atrás, para unir los puntos y así ver la figura que se formó. Por eso el tiempo nos genera el distanciamiento estratégico para comprender, para que se nos revele el significado. Si algo quieres «de momento», podría ser esto: tus dificultades no están carentes de significado. Espera. Paciencia. Se te revelará. Hasta que llegue tu momento para comprender. Y llegará.

«Mitoligisando» las calificaciones

El mes pasado les enseñaba a los estudiantes de la Facultad Mexicana de Medicina de la Universidad La Salle, en mi curso de «Salud mental», que las calificaciones no son un número con el cual midan su valía intelectual. Les enseñé enfáticamente que, ¡jamás se midan con un número! Ellos valen y mucho. Su valor es inmensamente mayor incluso al número 10. Las calificaciones, con una nueva conciencia, no son otra cosa más que valiosas señales de destino. Con ojos de asombro me observaban cuando les afirmaba: «Si repruebas una materia, agradécele a Dios su señal de que tu destino no va por ahí. Las calificaciones son más bien como «flechas» que te van indicando el camino. Si sacas una calificación muy alta y casi sin esfuerzo, es por ahí. Si sacas una muy baja, aun esforzándote, por ahí no».

Noté que tardaban en procesar mi propuesta. Pero espero lo hayan logrado. Con emoción, hasta ahora, con el paso de más de 35 años, les platiqué cómo yo en esa misma facultad de Medicina reprobé una materia en el 4° semestre. Tuve que repetir un semestre, cursando solo esa materia. Así tuve una enorme cantidad de tiempo libre. Mismo tiempo que dediqué para crear mi empresa, «Nueva conciencia». Ahí empecé a leer y estudiar desmesuradamente temas de desarrollo humano y superación personal, llené mi vida con la vida de afamados autores que marcaron mi entendimiento, empecé a dar conferencias sin parar. Ahí reafirmó mi camino (dado que ya había señales desde tierna infancia e intensamente en mi preparatoria). Un camino que terminó siendo enormemente exitoso. Mucho. ¿Por qué? Porque ese era mi camino. Ese era el propósito que Dios tenía para mí. Y parte de Su plan, fue separarme un poco de la intensa inercia que llevaba en Medicina. Tiempos perfectos. Manera perfecta. En lo que pareció una tragedia, que recuerdo muy bien que en aquel entonces, así lo sentí, con su intenso dolor y discriminación… un momento donde mi mente se rompió, pero mi alma despertó, llegué a entender que fue parte de una estrategia divina para otorgarme mi bendición. Fue un dolor intenso, pero pasajero, para dar paso a lo mejor, a mi propósito en la vida, a mi sentido existencial. ¡Nada más! Este fenómeno también se conoce como «la noche más oscura del alma». Siempre, el momento más oscuro es el que antecede a la llegada de la luz.

Ya te digo, ya te repito hasta mejor, no hay mal aislado que por bien contextualizado no venga. Lo que alguna vez viste como una pared frente a ti, cuando con el tiempo creces, lo observas como la mera porción vertical de un escalón.

Cuando las cosas van mal y ahí has llegado a creer que ante los hechos no hay palabras, que los hechos son «el rey», entonces Dios es el contexto. Llega Dios y te habla con Su palabra. Entiendes la liberación. Hasta ese entonces ves que sí, sí hay palabras ante los hechos.

Yo, al igual que muchos de mis pacientes, he pasado por crisis económicas indecriptibles, delicados problemas de salud, enormes traiciones y robos, retos indecibles en la vida de relación, pérdidas irreparables. Y de todas ellas…, he salido. O mejor dicho, Dios me a sacado. Y de hecho, me ha acompañado durante todo el camino.

Dios no promete una vida sin problemas. Su promesa es que, aun en medio de ellos, Él estará con nosotros. Y, además, nos recompensará con más:

«¡Regresen al refugio ustedes, prisioneros de la esperanza! Hoy mismo prometo que les daré dos bendiciones por cada dificultad». —Zacarías 9:12 NTV.

¿Cómo puede ser eso? ¿Cómo una tragedia puede ser el origen de una bendición? Solo por la gracia de Dios. Es decir, no hay lógica humana con que te lo expliques. Ni intentes entender así. Solo nos queda asombrarnos de un poder sobrenatural que sí actúa en nuestras vidas y agradecer y agradecer y agradecer.

Cuestión de que vayamos pasando por el tiempo. Y eso… despreocúpate, que siempre está sucediendo. Ahora sí que, ahí vamos.

Fe y paciencia. Dios no falla, y Dios es el Dios de lo imposible, de lo sobrenatural, de lo que rebasa toda lógica. Caray, Dios es Dios. Ábrete a la posibilidad del milagro.

Con la práctica, hasta cuando vivas una crisis, ahí mismo te podrías ya empezar a preguntar: ¿Qué habrá de bueno atrás de todo esto? ¿Qué buena nueva está por revelárseme al estar viviendo esto? Uno nunca sabe, pero siempre sucede. Qué tal que en una emergencia teniendo que ir al hospital con un gran dolor, termina atendiéndote una enfermera o una doctora, o un doctor… que termina siendo el amor de tu vida. No sé. Es solo un ejemplo. Imaginándolo en plena crisis, quizá agradecerías la emergencia y el dolor que te llevaron al hospital, para ese encuentro.

Recibe mis letras con sincero afecto. Hoy he sentido algo especial al escribir para ti. Espero que hayas disfrutado de esta edición enteramente gratuita para ti, la única así, al ser la primera del mes. Si deseas recibir más reflexiones de este tipo, pero todas las semanas y más, considera actualizar tu suscripción a nivel VIP.

¡Emoción por existir!

Alejandro Ariza Zárate

Este mes publico mi nuevo libro en exclusiva por mi blog.

Te comparto con emoción que este mes, a partir del día 18 de marzo, inicia el desfile de capítulos de mi nuevo libro: Las experiencias más extrañas de mi vida. Una serie de memorias que llegó su momento de compartirlas contigo. Serán privilegio exclusivo para mis lectores VIP. Necesitarás la suscripción de paga VIP para poder leer cada capítulo, conforme los vaya escribiendo. De verdad, ¡no te pierdas la experiencia! Nos acompañaremos el resto el año descubriendo cada capítulo juntos. Lo publicaré aquí, en mi blog, bajo la categoría «Libro Experiencias». —Alejandro.


Alejandro Ariza | Blog, es una publicación apoyada por lectores. Para recibir nuevos artículos que puedas leer en su totalidad cada semana y apoyar mi trabajo reconociendo horas y horas de reflexión, análisis y escritura para ti, considera convertirte en suscriptor VIP de pago:


Notas de Alejandro Ariza

Recuerda que, además de este blog, podrás leer breves reflexiones, tipo «X» (Twitter), que escribo diariamente y de manera gratuita (siendo un espacio sin la «agresividad» y politización característica de «X»), un espacio en línea pacífico, mi notas aquí: «Notas de Alejandro Ariza». Quizá encuentres algo que tu corazón disfrute y tu intelecto goce.



Descubre más desde Alejandro Ariza Z. | Blog

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Escribe un comentario