La virtud de mantenernos arriba

Es innegable la ley de gravedad. Y resulta revelador entender que parece existir otra fuerza igual, que tira de nosotros hacia abajo, pero también emocionalmente, un tipo de ley de gravedad emocional. Y así, también hay que levantarse, todos los días. Y hay maneras de lograrlo con entusiasmo.


Estimada lectora, estimado lector:

¡Alcanzamos a iniciar otro mes juntos!

Y en cada inicio siempre siento una emoción especial. Y qué mejor que compartirla contigo.

¡Bienvenido, abril!

Apenas en las primeras horas del mes, me dije:

«Cada nuevo mes es una oportunidad para comenzar de nuevo, para ajustar el rumbo y reconectar con lo que me inspira. Este mes elijo vivirlo con ilusión, por la certeza de que todo lo que necesito ya vive dentro de mí. Me comprometo a cuidar mi energía, a mantenerme arriba, a elegir pensamientos que me eleven y acciones que me acerquen a la vida que deseo. Sé de la existencia de los milagros y en abril viviré más de ellos. Dios y la Virgen María siempre hacen su bendita aparición.

Abril es un mes en el que florezco por dentro. Suelto lo que ya no me sirve y me abro a lo nuevo con esperanza. Me permito sentir, crecer y equivocarme, sabiendo que cada paso forma parte de mi evolución.

Hoy decido vivir con intención, con alegría y con gratitud. Porque este mes no lo viviré en automático: lo viviré despierto, presente y con emoción por existir. ¡Vamos con todo, abril!».


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Y con esa actitud, comparto con todos mis lectores un texto que conservé de las primeras ediciones de uno de mis libros. Y lo hago porque sé que existe lo que he llamado «fuerza de gravedad emocional», una fuerza que, como la ley física, tira constantemente de nosotros hacia abajo, pero esta lo hace en nuestras emociones. Entonces, todo el tiempo tenemos que hacer algo para mantenernos arriba.

Desde hace años he entendido que la emoción por existir no se mantiene sola. La alegría, el entusiasmo, la paz, el amor y todos esos valores que tanto buscamos, no obedecen la ley de la inercia: si no hacemos algo para mantenerlos vivos, tienden a caerse. Por eso, creo firmemente que hay que hacer algo cada día para mantenerse “arriba”. Así como en filosofía se define la virtud como una actitud constante de la inteligencia o la voluntad para vivir un valor, esa constancia es precisamente la clave para vivir en bienestar.

Después de cada conferencia que imparto, suelo presenciar algo maravilloso: la gente sale profundamente conmovida, transformada, motivada, con ganas de cambiar su vida. No lo digo con arrogancia, simplemente es algo que he observado a lo largo de más de treinta años y miles y miles de conferencias. Las personas lloran, ríen, se emocionan… y salen convencidas de que pueden vivir de otra manera. Sin embargo, no faltan quienes me dicen: “Sí, Alejandro, todo muy bonito… pero eso no dura, en unos días la gente vuelve a lo mismo”. Y… en parte tienen razón.

La motivación inicial, la chispa, sí puede surgir de una conferencia, un libro, una película o una conversación reveladora. Pero el verdadero trabajo comienza después, cuando uno decide hacer algo por sí mismo. Esa chispa puede encender la llama, pero mantenerla viva es decisión personal. Es ahí donde nace la virtud, cuando eliges conscientemente que esa emoción que viviste no sea un evento aislado, sino un estilo de vida. Aun así, insisto: hay que hacer algo diario para no apagarse. Hay que estar cerca de la llama. ¡Por eso, festejo que estés leyendo aquí!

Un día, comiendo con un amigo actor, cantante y bailarín, comprendí mejor este principio. Él tiene un físico impresionante, muy cuidado. Cuando le ofrecí un poco de mi comida, me respondió tajante que no: no era su día libre para comer, y más tarde iría al gimnasio. Me dejó claro que su imagen es parte de su profesión y que debía cuidarse. Ahí entendí por qué él tiene ese cuerpo… y yo no. Su disciplina diaria es la clave, y eso es precisamente lo que convierte un cambio en una transformación real: la constancia diaria.

¡Y lo mismo aplica para el alma! El bienestar emocional también requiere entrenamiento.

«La excelencia no es un acto aislado, es un hábito» —Aristóteles.

Cuando haces algo bueno todos los días para crecer emocional o espiritualmente, ese acto se vuelve una virtud. Y al principio, claro que cuesta. Pero si insistes, un día deja de costarte tanto y simplemente fluye. Ya no es un esfuerzo, ya es parte de ti. Por eso me fascina la idea de que somos escultor y obra al mismo tiempo. Podemos moldearnos cada día hacia donde queremos ir.

Santo Tomás de Aquino decía que la virtud es una “segunda naturaleza”, y me parece hermoso: podemos adquirir nuevos hábitos que nos transforman. Y si te preguntas si vale la pena el esfuerzo, te aseguro que sí. Porque con el tiempo, ese esfuerzo se convierte en alegría. Te das cuenta de que, aunque el trabajo continúa, el peso emocional disminuye. Se vuelve una danza constante hacia una mejor experiencia de uno mismo.

En esta línea de pensamiento, hay dos verdades que siempre recuerdo:

  1. La obra nunca termina.
  2. Nunca es tarde para empezar.

Por eso, si algo te inspira, ¡actúa! Si fuiste a una conferencia y saliste conmovido, no dejes pasar más de una semana antes de hacer algo con esa energía. Compra los libros recomendados, visita las páginas sugeridas, habla del tema con tus amigos, comparte tus hallazgos, escribe tus notas, únete a grupos afines, da el paso a ser un lector VIP. Haz algo. Porque si no haces nada, tarde o temprano vas a caer. Es lo que yo llamo la “ley de gravedad emocional”: si no haces algo por mantenerte arriba, caerás… simplemente porque es más fácil dejarse ir hacia abajo. Vamos, si te sueltas, caes. Así de claro.

Y no, yo no estoy exento de eso. Yo también me deprimo, me angustio, me siento solo, claro que sí. La diferencia es que me dura menos que otras personas. ¿Por qué? Porque he aprendido a reaccionar. En cuanto detecto que estoy cayendo, actúo. No me espero a que alguien venga a rescatarme ni a que pase el tiempo. Lo primero no suele suceder y de lo segundo cada vez tengo menos. Entonces, hago algo, lo que sea: leo un buen libro, medito, salgo a caminar, me encuentro con alguien querido, escucho música, escribo, hago algo nuevo. Hago lo que tenga que hacer para mantenerme arriba. Cada quien tenemos nuestros ‘gatillos’ que nos disparan hacia arriba.

A veces tener un «entrenador emocional» ayuda muchísimo, exactamente como en el gimnasio. Un entrenador no necesariamente es un profesional, puede ser un amigo inteligente, un libro maravilloso, una charla con alguien evolucionado, un recuerdo espectacular. Yo tengo la fortuna de tener varias de estas opciones. Y sin que falte la mejor: dialogar con Jesucristo, orar. Sí, se puede. Y cuando dejo de orar o meditar por varios días, lo noto inmediatamente. Mi vida cambia. Por eso sé que debo meditar todos los días. No como obligación, sino como necesidad vital. Lo que en su momento fue opción, se hizo no negociable, precisamente cuando comprendí que sí existe eso de un tipo de fuerza de gravedad emocional.

Ese trabajo diario no solamente me beneficia a mí. También me da fuerza para ayudar a quienes me siguen, a quienes confían en mí para mantenerse arriba. Así se forma una red fantástica de apoyo y crecimiento. Es como una cadena luminosa donde unos nos ayudamos a otros. Y creo sinceramente que para eso estamos aquí: para impulsarnos mutuamente en el camino hacia la luz. ¿Por qué crees que escribí esto? ¿Y por qué ahora tú lo lees? ¿Captas la belleza de vivir manteniéndonos arriba?

Pero el primer paso siempre depende de ti. Nadie puede hacerlo por ti. Tú eres el que debe moverse, buscar, accionar. Si un día sientes que no puedes, que estás cayendo y que necesitas ayuda… aquí estoy yo y mis obras. Estoy yo y están miles de personas, libros, experiencias y recursos que te pueden levantar. Pero tú tienes que buscarlos. Tú eres el único que puede decidir mantenerse arriba.

Por eso, mi recomendación es que no dejes de hacer algo diariamente por ti. Puede ser leer una página de un buen libro, tener una charla significativa, compartir una frase inspiradora, agradecer por lo que tienes, salir a respirar profundamente, repetir una afirmación positiva, mirar al cielo, hacer una pausa, vivir más presente. Lo que sea. Pero hazlo. Porque cada pequeño acto suma. Cada gesto diario refuerza esa emoción por existir que tanto bien nos hace.

De mi parte, te invito a que te suscribas y consultes cada día mi sección de “Notas” en mi página web (mis notas son publicaciones gratuitas diarias), mi Podcast, mi blog, para que, juntos, tú consultando y yo compartiendo, estemos haciendo algo para mantenernos arriba. Porque en este camino, todos necesitamos recordatorios, acompañamiento, y sobre todo, acción. Recuerda que no basta con sentirte inspirado una vez, ni con que alguien te motive desde afuera. El verdadero cambio ocurre cuando decides hacer de tu emoción por existir un hábito diario, un compromiso contigo mismo, una virtud constante. Es algo que se crea, no que suceda al azar.

¿Te serviría una conferencia inspiracional y motivadora? ¡Te aseguro que sí! Aquí tienes un menú para que elijas y la puedas disfrutar en la comodidad de tu casa (o donde sea) y pudiéndola ver cuando tú lo desees: «Academia en línea». ¡Para eso la hice! Y la tienes disponible 24/7.

Así que no lo olvides: ¡haz algo por ti todos los días! No esperes a sentirte mal para hacerlo. No dejes tu bienestar en manos del azar. Toma las riendas de tu vida emocional y espiritual. Y si un día tropiezas, levántate rápido. Busca a tu entrenador emocional. Busca inspiración. Busca a Dios. Búscate a ti mismo. Porque tú tienes el poder, y la responsabilidad, de mantenerte arriba. ¡Vamos! A vivir con…

¡Emoción por existir!

Alejandro Ariza Zárate

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2 comentarios sobre “La virtud de mantenernos arriba

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