Intimidad

El hermoso viaje hacia el alma del otro, y del otro hacia mi alma.

Luego de dar terapia, en varias ocasiones siempre he pensado que la palabra “intimidad” ha sido malentendida. Cuando la escuchamos, casi automáticamente pensamos en el sexo. Y aunque sin duda esa es una de sus formas, estoy convencido —y lo digo desde mi experiencia personal— de que la intimidad auténtica va mucho más allá de los cuerpos. La verdadera intimidad es un viaje hacia el alma del otro. Es ese espacio sagrado donde dos personas se encuentran sin máscaras, sin pretensiones, sin miedo a ser quienes realmente son. Así, la intimidad de un privilegio como pocos la pueden tener.

Quiero compartir contigo mis reflexiones acerca de este tema que, si lo entendemos bien, es sublime, inspirador. Troquela vidas. No exagero. Permíteme confesarte lo que pienso y sé acerca de la verdadera intimidad y, aprovechando que este es un artículo exclusivo para mis lectores VIP, hablo «demasiado claro» —¡demasiado!— en varios momentos. Y es que, abundando en el tema, hay reflexiones que no se pueden hacer tan públicamente, sino solo con gente afín a la pasión y el respeto por saber. Comienzo con una suave sacudida para quien esté dispuesto a mirar dentro de sí con sinceridad, con una verdad que trastoca para quien esté listo a recibirla con apertura y sin defensas:

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