Aprender a esperar

Hace un momento, inspirado, publiqué en mis notas esto:

SÁBADO SANTO…

Día para aprender a esperar.

Aprender a esperar. Aprender a soportar la incertidumbre.

Aprender a esperar es aprender a llegar a lo profundo. Y lo profundo exige silencio, entrega y atención.

Quien no espera en silencio, sencillez y reverencia, no alcanza a celebrar el mañana con plenitud.

Aprender a esperar. Porque sí, a esperar se aprende. Es llegar a conocer y así, aceptar, parte esencial de la vida misma: la paciencia.

Qué tal si en vez de revisar y revisar redes sociales (ruido, al fin), mejor rezas mentalmente un rosario.

Todo el día he pensado al respecto.


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Me hizo pensar en varios pacientes que tengo que «le han dado todo a sus hijos en el instante en que lo desean y más», como para compensar alguna ausencia, y así los privaron de su Sábado Santo; dándoles de esa forma, les quitan la oportunidad de aprender a esperar para valorar y ser maduros.

Metaforizando la Semana Santa, si te brincas del viernes (tragedias-muerte) directo para el domingo (solución-resurrección), en mi experiencia, luego te llegará tu sábado, pero sin pasar de ahí.

La incierta espera crea la antesala perfecta para incrementar la percepción y el valor de la gloria. Así funciona la vida, tal cual. No existe una maravillosa sorpresa sin un espacio previo en el tiempo en que no se sabe nada. Es un ingrediente esencial.

Luego, y en esa tesitura, llegó a mí una oración e hizo alto tan valioso y profundo en mí que, como siempre, no pude soportar mi deseo de compartírtela creando esta entrada, toda ella, con acceso totalmente gratuito, por lo mismo.

Disfrútala.

🕯️ Oración para el Sábado Santo

“En el silencio del sepulcro, espero en Ti”

Señor Jesús, hoy el mundo guarda silencio, el cielo está en espera, la tierra contiene el aliento y mi alma se sienta contigo junto al sepulcro.

Has descendido al abismo de la muerte, pero no como vencido, sino como quien va a liberar a los cautivos.

Hoy no hay cantos, no hay milagros, solo el eco de tus últimas palabras y el vacío de una tumba que pronto hablará.

Junto a María, la Madre silenciosa, quiero aprender a esperar sin perder la fe, a guardar la esperanza cuando todo parece perdido, a confiar incluso en el silencio de Dios.

Señor, enséñame a vivir también mis “sábados santos”: esos días donde todo parece terminado, pero Tú estás obrando en lo invisible. Hazme paciente, humilde, y lleno de fe.

Que cuando llegue la noche y se encienda la luz de tu victoria, mi corazón esté preparado para celebrar tu Resurrección con gozo profundo.

Amén.


Próxima conferencia en vivo, presencial, en la CDMX

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Saludos,

—Alejandro Ariza Z.


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