Como papá, como mamá, incluso como mentor, poner límites no siempre se siente bonito. Cuando uno es sensible, a veces duele que el joven se encolerice o nos deje de hablar porque no le dimos lo que quería y que nos tache de injustos. Aquí en confianza, también a los papás o mentores nos duele el rechazo de un ser querido. Pero hoy te quiero decir: educar sin límites no es educar; es dejar a la deriva. La mucha permisividad puede representar abandono emocional.

La semana pasada un papá me pidió un consejo.
Y yo no suelo dar consejos.
En mi consulta, yo escucho con profunda atención y analizo y, luego, sí puedo dar retroalimentación a mi paciente explicándole cómo es que llegó a donde llegó y que, con toda seguridad, eso le ayuda en gran medida. Entender revela soluciones. Basado en esta experiencia, supuse que compartir aquí algunas ideas acerca de la dinámica psicológica que se suele suceder en padres muy «consentidores» puede serte de gran ayuda. Por lo menos, el tema es extremadamente interesante y, estoy seguro, vale mucho la pena conocerlo abiertamente.
Quizá llegue un día, no muy lejano, en que como madre o padre te duela profundamente observar a un hijo sin criterio, sin capacidad de decisión; te podrá sorprender sobremanera que tu propio hijo o hija llegue a no tener respeto por sí mismo, ni por los demás. Será un dolor silencioso, pero penetrante, porque en el fondo sabrás que…
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