
«A la gente le gusta estar ocupada… yo no tengo nada que hacer, nunca». —Cristian Castro.
Hace poco tiempo se viralizó una entrevista que le hicieron al cantante Cristian Castro en donde, parecía simpatía, pero él hablaba muy en serio, afirmaba acerca de la importancia de hacer nada. Varios pacientes me citaron la nota. Yo secundo la filosofía que hay atrás de sus comentarios. Yo mismo, en mis conferencias, he platicado anécdotas así en mi vida. No me extrañó que disertara así Cristian. Si no has visto la entrevista, a mí se me apareció en Instagram en este enlace.
No puedo negar la cruz de mi parroquia como terapeuta, pero si pones atención a la entrevista, podrás ver la impresionante diferencia con que habla Cristian y el entrevistador, un afamado pastor, Dante. Dante siempre presume en sus redes sociales su «gran actividad» dando sermones de un lado para otro, viajando, haciendo, haciendo, haciendo. Escucha la velocidad con la que habla, la velocidad con la que quiere sacarle respuestas a Cristian. Su ansiedad maquillada de simpatía y amabilidad. Luego, escucha con atención a Cristian, voz calmada, sin preocuparse por responder una atropellante pregunta de Dante, si no antes termina la idea que está expresando. Dante, cuando ve que no le responde en el instante en que él pregunta, ¡insiste y vuelve a interrumpir y a preguntar! Cristian de repente lo ve con ojos de, «te esperas» haciéndolo pacíficamente, mientras él acaba su idea pausadamente, disfrutando hablar lento. No responde la siguiente pregunta hasta que termina respondiendo ampliamente y a su ritmo la primera.
Me encantó Cristian.
Bien, aquí están mis comentarios basados en mi filosofía de vida, te los comparto con toda la profundidad y beneficio que implican para una buena vida, porque lo que te diré, lo he experimentado por años: Vivimos en una época donde estar ocupado se ha convertido en una insignia de honor. La actividad constante, la productividad sin pausa y la conexión permanente son, para muchos, signos de éxito. Pero en medio de este vértigo cotidiano, hemos olvidado algo esencial, algo que incluso en neurociencias hoy se ha demostrado como nuestra capacidad para permitir activar una parte de nuestro cerebro llamada «red por defecto» (o “default mode network”, DMN), estructuras como la corteza media prefrontal, el precúneo y partes del lóbulo parietal… «palabrería» científica, pero que para un lector promedio y en psicoterapia implican autorreflexión saludable y reveladora, gran creatividad y procesamiento de la experiencia subjetiva. ¡Nada más! Así, hemos olvidado, ni más ni menos que:
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