
Vivimos en una época que glorifica la acelerada productividad. Y, en muchos casos, aderezada de verdadera necesidad. Así, la sociedad actual y la falta de inteligencia para el dinero nos impulsan a correr, a llenar agendas, a socializar sin tregua, a consumir estímulos constantemente.
La productividad es la nueva secta, y la hiperconexión digital se ha vuelto la norma. En medio de este vértigo, hay quienes hemos descubierto desde hace muchos años, hoy casi como un acto de resistencia, la magia serena de simplemente quedarse en casa. Y no, no es miedo al mundo ni rechazo a los demás por miedo a ser rechazado (el dando y dando), que, confieso, sentí más de una vez. Es, más bien, el hallazgo de una paz interior que no requiere del ruido para sentirse vivo y sentirse bien.
En la pasada pandemia, cuando por el COVID-19 nos indicaban reiteradamente: «Quédate en casa», muchos no sentimos gran diferencia con nuestro básico estilo de vida, mientras que otros enloquecieron con la propuesta. Hoy reflexiono contigo salpicando posibles razones para estas experiencias tan disímbolas.
El silencio, ese gran desconocido y muy temido por muchos, se convierte para algunos en refugio, en bálsamo, en espacio sagrado, en necesidad. Cuando uno elige quedarse en casa, no lo hace necesariamente desde la tristeza o la apatía (que se dan casos, reconozco), sino desde la profunda conciencia de que el bienestar personal también se cultiva en la calma. Una tarde tranquila, una taza de café humeante, la lectura de un buen libro o la contemplación de una película son rituales sencillos que invitan a la introspección y al encuentro con uno mismo. Un encuentro que muchos prefieren evitar.
La soledad elegida, lejos de ser aislamiento, es una poderosa forma de autoafirmación. Es reconocerse suficiente, entender que no se necesita llenar cada minuto con interacción y hacer y hacer y hacer, para sentirse completos.
El arte de quedarse en casa, de pasar tiempo a solas, es parte de una armonía, es libertad, es la capacidad de desconectarse de las exigencias externas para conectar con las propias emociones y pensamientos. Quedarse en casa se transforma, así, en un acto de amor propio. Pero… un detalle. Esto funciona cuando…
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Extraordinario mensaje, me ayudo a entender algunos momento de mi Vida, Gracias!!
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Me da gusto. Muchos saludos estimado Oscar.
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