“En el silencio encontrarás las respuestas que el ruido no te deja oír”. —Rumi.

Con los años he descubierto algo que quizá ya veía venir, pero que no lo esperaba a tal magnitud: el ruido me pone mal.
Lo volví a comprobar cuando, hace un par de días, un afamado banco mexicano me invitó al relanzamiento de uno de sus productos. Dentro del evento VIP, para el cierre estaba de invitada una artista y su show. Cuando empezó, el volumen se fue a tal grado que hasta me vibraba la ropa. No, ya no disfruto la música a ese volumen. Ay caray, creo de esos momentos donde ya anda uno «chocheando», orgullosamente.
Y no hablo solo del volumen, sino del exceso de estímulos, del murmullo constante que impide escucharse por dentro.
Hoy necesito el silencio como quien necesita aire limpio para respirar.
Ayer leí una frase que se me apareció en redes sociales que decía algo más o menos así: «Con la edad vas prefiriendo no salir y quedarte en casa». Sé que mucho dependerá de tu evolución como persona, más que la edad, y también, quizá, de la belleza y armonía que hayas creado en tu casa, lo que incluye hasta la pareja, si tienes. Porque he visto cómo algún conocido mío tiene una casa hermosísima, pero casi nunca está ahí, se la pasa «trabajando», lo que algunas veces puede ser el eufemismo de la evasión para convivir con alguien que también vive en esa casa. En fin.
Ya no me interesa tanto salir, me cuesta trabajo. Tampoco me gusta estar en donde todos están, ya sea por tratarse de un evento de moda, días clásicos de vacaciones, etc. Aunque, de hecho, creo que así he sido desde siempre (hasta como natural compensación frente a mi trabajo como figura pública en oratoria), solo que ahora lo tengo más consciente. Prefiero espacios donde el alma no tenga que gritar para ser oída. Si he de convivir, busco lugares tranquilos, íntimos, sin estridencias. Hoy, uso esos criterios para elegir un restaurante. No es rechazo a otras opciones, lo siento más como cuidado propio.
Te compartiré un autoanálisis con tres condiciones que siento como ciertas, pero también otras tres que me conviene cuestionarme ante la posibilidad de estar engañándome, «dorándome la píldora», vaya. Y pues bueno, ya entrados en este nivel de reflexión, te compartiré tres reglas en donde el silencio siempre será la opción más inteligente. Tienes que saber cuándo es enormemente conveniente callar, aunque quieras hablar.
Me emociona revelarte esto. Empezamos…
Suscríbete para obtener acceso
Lee más contenido de este tipo suscribiéndote hoy mismo.
Próximo evento, ¡imperdible!

Toda la información y adquisición de entradas haciendo clic ahora mismo en el botón:
¡50 % de descuento solo hasta el lunes 16 de junio, aprovecha!
Descubre más desde Alejandro Ariza Z. | Blog
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.