Por qué hacemos lo que no queremos hacer

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Espero que disfrutes el tema de esta ocasión y la aproveches. He escrito esto para ti en un momento de inspiración y para explicarte algo que he notado que a mis consultantes de psicoterapia les ha cambiado la vida cuando lo entienden, cuando me permiten servirles en terapia. Lejos de que pudiera parecer un acercamiento simplista y breve que explique la conducta humana, es más bien una de tantos acercamientos que tiene un tema tan complejo como lo es nuestra conducta. Pero, sin duda, sé que te servirá a ti y a tus familiares y amigos esta explicación que pocos conocen así.

Bien sabes que a veces somos extraños, cuando hacemos lo que no queremos hacer. Sabemos que hacer algo está mal, y ahí vamos y lo hacemos. Sí, este absurdo existe, ¡vaya que existe! Los icebergs pueden servir como buenas metáforas de la complejidad de los comportamientos no deseados. Por lo general, solo se ve una fracción de la masa real de un iceberg cuando se mira en la superficie, pero cuando se mira debajo, es probable que se vea algo muchas veces más grande que la masa que es visible sobre el agua. Algo similar sucede con nuestro habitual comportamiento no deseado, como ver pornografía, comer en exceso, fumar, beber alcohol, holgazanear, burlarse molestando a los demás, etcétera. Lo que puede parecer nada más una adicción a la pornografía, una relación poco saludable con la comida o una mentalidad equivocada es en realidad solo «la punta del iceberg». Debajo de cada comportamiento no deseado hay un deseo más profundo que espera ser satisfecho. 

Mucho de lo que la sociedad en general tacha de error: una adicción por ejemplo, en psicoterapia lo vemos más como un muy posible y muy lógico comportamiento de adaptación. Por ponerte un ejemplo que he visto mucho en mi consulta: Si alguien sufre la relación con su pareja y no puede decirlo y cree no poder hacer nada al respecto, no es de extrañar que beba en exceso para «anestesiar» su malestar que le implica convivir con su pareja. Su comportamiento viendo pornografía o rentando sexo con escorts a escondidas, puede obedecer a lo mismo. Lo que es un mal comportamiento suele ser una mera conducta adaptativa. Cuando, en este ejemplo, la pareja lo descubre, se vuelca en contra y le recrimina con toda su lógica de sentirse ofendida o engañada. Por «arriba» todo se ve así. Lo irónico es que precisamente la pareja puede ser el origen del mal comportamiento, es fondo del iceberg. Lo que no se ve y nadie sospecha. Ni el paciente mismo, en muchas ocasiones.

Nuestros comportamientos no deseados no son aleatorios, no los realizamos «sin querer»: son necesidades que reclaman ser atendidas. Apuntan a deseos más profundos que necesitan ser satisfechos. Son adaptaciones que funcionan mientras llegamos a resolver el fondo del asunto.

A veces, para entender mejor, conviene creer en la existencia de «el mal» o «Satanás». Este canijo enemigo usa nuestros deseos legítimos como oportunidades para llevarnos a un mal comportamiento, aunque al inicio no lo deseáramos porque sabemos que está mal…, pero usamos ese mal comportamiento para adaptarnos al conflicto, porque ya no sabemos qué hacer. En vez de resolverlo, lo anestesiamos. Satanás nos presenta la tentadora anestesia: «Si tu esposa solo te ataca y te menosprecia y no la puedes dejar… mira a quien te presento que tanto cariñito te puede dar aunque sea a escondidas y así puedas soportar seguir viviendo con aquella que es tu cruz».

Incluso en Mateo 4 leemos acerca de la vez que Satanás tentó a Jesús en el desierto. Jesús había estado ayunando durante cuarenta días y cuarenta noches, y Mateo nos dice que tenía hambre. Y, con todo respeto aMateo, no nos lo tenía que decir, ¡seguro tenía hambre si se hizo hombre! Eran 40 dias sin comer. El enemigo usó el hambre real, natural de Jesús en esas condiciones, como una oportunidad para la tentación. Por supuesto, Jesús resistió contra los planes del diablo y, a través de su ejemplo, podemos ver cómo el enemigo usa las necesidades y los deseos para ofrecernos un comportamiento no deseado (por aquello de sostener el ayuno) pero que nos hace desearlo. Hay una manera de resistir estas tentaciones cuando llegan. Jesús sabía el fondo de su iceberg, su objetivo, ayunar para incrementar su espiritualidad aun más. Jesús no solo tenía hambre (punta de iceberg), sino estaba dentro de una disciplina de expansión espiritual mediante el ayuno (fondo del iceberg). Jesús lo sabía y lo entendía. Entonces Jesús no cayó en la tentación de «solucionar ya el hambre».

Tal vez nunca hayas notado la conexión entre tus deseos insatisfechos y tus comportamientos no deseados. Quizá ahora estés empezando a ver que recurres a la pornografía para encontrar seudoaceptación o amor cuando te sientes rechazado o inadecuado, no querido, no querible. Es probable que estés comenzando a notar que haces cosas absurdas para ser aprobado por los demás cuando en el fondo lo que quieres es que tu madre o padre te reconozcan y te aprecien. Arraigados en ti están los nobles y humanos deseos, buenos y correctos, como el deseo de ser amado o de sentirte reconocido. Pero muchos de nosotros hemos sido heridos por las personas de quienes más deseábamos su reconocimiento y amor en el pasado, lo que nos ha llevado a adaptarnos mediante conductas que no quisiéramos hacer pero que parece anestesian o intentan pseudo satisfacer nuestros deseos y anhelos profundos. Y así soportamos la herida y podemos seguir viviendo, funcionando. Nuestro comportamiento no deseado nos ofrece soluciones falsas para satisfacernos. Pero la única manera en que los deseos que Dios te ha dado puedan ser verdaderamente satisfechos es a través de Dios mismo y de relaciones sanas con los demás. Afortunadamente, Él nos ha dado a Su Hijo, Su Espíritu y Su Palabra con el fin de guiarnos y darnos poder para andar el camino de la vida, la realización y las relaciones. Y si no crees en Dios, pues gracias a Dios lo que tienemos a la mano es la psicoterapia para descubrir y entender el fondo del iceberg. Tu comportamiento no deseado, la punta del iceberg, es difícil dejarlo si no entiendes el fondo del iceberg, la verdadera razón de tu comportamiento. La psicoterapia ayuda muchísimo en ello. Por ello la amo tanto, es un servicio enormemente esclarecedor y, así, transformador. Nos ayuda más de lo que puedes imaginar. No se trata de dejar de beber solo por dejar de beber, sino primero arreglar el verdadero origen que te llevó a beber como conducta adaptativa, para soportar. Arreglado eso, se pierden las ganas de beber, en esos casos cuando todo va empezando.

Para ayudarte a discernir los deseos insatisfechos que subyacen a tu comportamiento no deseado, hazte estas preguntas:

  1. ¿Con qué comportamiento no deseado estoy luchando?
  2. ¿Qué deseos insatisfechos me llevan a este comportamiento? Esta respuesta suele ser difícil de saberse y para un terapeuta suele ser fácil descubrirla y mostrártela.
  3. ¿Cuál es una forma en que hoy puedo experimentar la plenitud que me da el entendimiento? Para esto ya debes haber tomado terapia o vivido una mística experiencia esclarecedora con la ayuda de Dios.

Siempre hay algo debajo de la superficie de nuestro comportamiento no deseado. Hoy espero haberte ayudado a reflexionar y examinar tu corazón y tus deseos mediante el incremento de tu conocimiento de la conducta humana. Además, sugiero que no dejes de lado a Dios. Nunca. Busca Su voluntad y Su camino a la vida, y sabe que en Él estarás verdaderamente satisfecho.

De una u otra manera, tu reto es tener la humildad por aprender. Gran reto. Desde ir a terapia, hasta saber más de Teología. Tienes que hacer tu parte para aprender más y así entenderte más a ti mismo, para encuerar tu alma. Te garantizo que vale la pena. Y quizá termines diciendo más bien: vale el gozo.

¡Emoción por existir!

Alejandro Ariza Zárate.

P. D.: Aprovecho para recordarte que aquí puede existir una oportunidad para ti, si sueles escuchar pódcasts o audiolibros.


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